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Hace años, si querías ver una película, comprabas el DVD y lo guardabas en tu casa. Hoy abres Netflix: la película vive en computadores de otra empresa y tú la ves por internet. Eso es la nube: usar computadores, programas y almacenamiento que están en centros de datos de otros, pagando por lo que usas.

La nube no es algo mágico flotando en el cielo. Son edificios llenos de servidores con energía de respaldo, aire acondicionado y vigilancia, de empresas como Amazon (AWS), Microsoft (Azure) o Google (Google Cloud).

Hay tres sabores, como pedir comida:

  • IaaS (infraestructura como servicio): te alquilan la cocina vacía y tú cocinas. Recibes un servidor y lo configuras todo.
  • PaaS (plataforma como servicio): te dan la cocina equipada y los ingredientes; tú solo preparas tu receta (tu código).
  • SaaS (software como servicio): pides el plato listo a domicilio. Gmail, Microsoft 365, Odoo o Canva son SaaS: entras con tu usuario y ya.

Ventajas: no compras equipos, creces o reduces según necesites y accedes desde cualquier lugar. Lo que debes cuidar: depender de internet, entender bien qué pagas cada mes y tener copias de tus datos.

✍️ Ejercicio: haz una lista de cinco servicios en la nube que usas cada semana (por ejemplo WhatsApp Web, Google Drive, Nequi) y marca cuáles son SaaS.

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